Implicaciones de la ley de tierras en México sobre la industria del cannabis

La particular estructura sobre la tenencia de la tierra rural existente en México es un factor que debe considerarse con cuidado en cuanto a la manera en que se vaya a cultivar tanto el cannabis psicoactivo como el cáñamo industrial una vez que dichos cultivos sean autorizados, lo cual se espera que ocurra en diciembre del 2021.

De acuerdo con el artículo 27 constitucional y la Ley Agraria se reconocen tres formas de propiedad de la tierra: pública, privada y social (ejidal y comunitaria).

Según el Censo Agropecuario de 2016 publicado por el INEGI, en México hay 9.3 millones de terrenos rurales que ocupan una superficie de 190.3 millones de hectáreas, de los cuales 1.9 millones son de propiedad privada. Aunque sólo representan una quinta parte del total, la superficie que ocupan asciende al 41% de la nacional, lo que significa que su tamaño promedio es superior a las demás formas de tenencia. Es sumamente importante subrayar que el artículo 117 de la Ley Agraria limita la superficie de una propiedad privada rural a un máximo de 100 hectáreas.

Un ejido es una porción de tierras, bosques o aguas que el gobierno entrega a un núcleo de población campesina para su explotación. Las tierras ejidales son inembargables, imprescriptibles e inalienables. En términos prácticos se puede decir que los terrenos ejidales son propiedad del gobierno federal el cual cede a los campesinos el derecho a poseer su parcela, mas no autoriza su venta o que sea hipotecada. Existe un proceso legal para que una parcela ejidal se pueda privatizar y vender, pero es largo y complicado por lo que generalmente se lleva a cabo cuando los terrenos adquieren un valor considerable al cambiar de uso agrícola por uso urbano o turístico. En contraparte, si se permiten la asociación y el arrendamiento.

Ahora bien, poco más de 7 millones de terrenos rurales corresponden a ejidos y comunidades agrarias que ocupan una superficie de 101 millones de hectáreas. Estos terrenos se reparten entre 31,873 ejidos y comunidades distribuidas en el 90 % de los municipios que conforman el país. En promedio, la superficie parcelada que posee un ejidatario es de 9.2 hectáreas. Sin embargo, la mitad de los posesionarios no llegan a tener ni siquiera las 5 hectáreas.

El Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustentable de la Cámara de Diputados reporta que en 2014 había casi 5 millones de beneficiados en los núcleos agrarios certificados y que a pesar de programas gubernamentales para regularizar los títulos de posesión con el objetivo de posibilitar mayores incentivos a la inversión al otorgarles una mayor seguridad jurídica, ha ocurrido una desafortunada  tendencia hacia una mayor fragmentación de las parcelas con el consiguiente aumento de la agricultura de subsistencia.

Esta pulverización de tierras, tanto privadas como ejidales, históricamente ha representado un gran obstáculo para llevar a cabo cultivos de gran escala en México. En términos generales, esto explica porque el país no es autosuficiente en la producción de maíz, a pesar de ser una planta autóctona y la base indiscutible de la cocina mexicana. Simplemente no se dan las condiciones de economía de escala y se tiene que importar maíz, principalmente de los Estados Unidos. La mecanización se dificulta por la existencia de cercas, bardas de piedra, falta de nivelación, despedregar terrenos, etc.

En contraparte, internacionalmente México es muy competitivo en la producción de tomate, aguacate, bayas y otros cultivos que se dan en huertos e invernaderos en donde el empleo de mano de obra es intensivo. Gracias a eso, la balanza agrícola del país es positiva. En resumen y con algunas excepciones, México no es competitivo en agricultura extensiva, pero si lo es cuando es intensiva.

Con respecto al cultivo de variedades de cáñamo para obtener flor de CBD, las condiciones en nuestro país resultan idóneas, ya que las superficies son reducidas, la radiación solar y el clima son perfectos, se emplean túneles protectores, acolchado plástico, riego por goteo y especialmente importante es que este tipo de cultivo requiere mucha mano de obra para su cuidado y cosecha. Cada planta se revisa individualmente para eliminar los machos, arrancar hierbas, revisar su riego y cosecharse a mano flor por flor. Sin duda alguna, México tiene la posibilidad de desplazar a los Estados Unidos y Canadá en este cultivo en particular y tarde que temprano los precios de los productos con CBD que actualmente se cotizan por las nubes vendrán para abajo cuando la producción mexicana llegue al mercado internacional. Una situación similar la presenta el cultivo de variedades de cannabis con alto contenido de THC psicoactivo.

En cuanto al cultivo de cáñamo para obtener semilla o fibra, es posible emplear técnicas de cultivo extensivo a una mediana escala lo suficientemente grande para ser financieramente factible. Un ejemplo es el cultivo de la caña, en donde un ingenio azucarero se asocia con los agricultores de la región circunvecina bajo un esquema donde el ingenio invierte en el acondicionamiento de las tierras, realiza la plantación, provee de insumos como fertilizantes, capacita a los campesinos en cuanto a las labores a realizar y lleva a cabo la zafra y transporte de caña al ingenio. Al campesino se le paga la cosecha de acuerdo a un precio previamente pactado conforme su contenido de azúcares menos los adelantos que se le hayan entregado durante el año.

Otro esquema muy común tanto en la propiedad privada como en ejidos es que el campesino simplemente renta sus tierras y el arrendador realiza todas las actividades asumiendo todos los gastos y riesgos.

En un mundo ideal el productor industrial es el dueño del predio, ya que podrá realizar con toda seguridad y libertad las inversiones requeridas en infraestructura como nivelación de tierras, perforación de pozos, electrificación, caminos de acceso, etc. Sin embargo, solamente es factible si previamente ya se es dueño de los ranchos, debido a las dificultades legales y múltiples negociaciones para consolidar grandes áreas y también porque el costo de la tierra en México es más alto en comparación con Estados Unidos o Canadá. Hay que tomar en cuenta que pueden surgir problemas legales agrarios, ya que las grandes extensiones agrícolas logradas mediante simulaciones y arreglos son vistas con desconfianza por parte del gobierno que puede catalogarlas como latifundios y oponer objeciones.

En 2019 el tamaño global de la industria del cáñamo se estimó por Markets & Markets en 4.71 mil millones de dólares con un crecimiento anual compuesto (CAGR) del 15.8%. Sin embargo, los analistas calculan que dicha tasa de crecimiento aumentará aún más, para llegar al 34% anual en el 2025 con un valor de producción de USD 26.6 mil millones. Como reflejo de lo que está sucediendo en el mundo, en Canadá la superficie destinada al cultivo del hemp ha tenido un crecimiento del 25% anual.  En adición al “boom” mundial en la demanda de CBD, el mercado está siendo impulsado por un apetito creciente de aceite de hemp y fibras en los sectores automotriz, construcción, textiles, alimentos, bebidas, suplementos nutricionales, cosméticos, lubricantes, pinturas, papel, entre muchos otros.

El tema de la tenencia de la tierra es un asunto estratégico que determina como se organiza cualquier cultivo en México, en especial con el cannabis psicoactivo y el cáñamo industrial. El marco legal mexicano y su ejecución en la práctica tienen características muy particulares que son únicas con respecto al resto de los países. Es de sentido común que antes de realizar cualquier inversión procure contratar asesores profesionales especializados en el tema para definir un plan de negocios realista, así como las acciones que deba realizar para asegurar el éxito del proyecto.

Dejar un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

× WhatsApp