Opinión: la sobreregulación del cannabis en España

Todavía recuerdo, como si fuera ayer, una clase de la asignatura Mecanización Agraria en la que un profesor comentaba las grandes diferencias entre Europa y Estados Unidos en lo referente a seguridad en las máquinas agrícolas.

Aquel catedrático nos venía a decir que en Estados Unidos se regulaba a golpe de denuncia y que Europa trabajaba más desde regulación preventiva. Resumiendo, en Estados Unidos un fabricante de tractores no le ponía una protección hasta que no le denunciaban o, mejor dicho, lo hacía para evitar la denuncia de un particular. De esta manera, le regulación en seguridad en maquinaria agrícola se iba construyendo gracias a las múltiples amputaciones de dedos que habían tenido lugar previamente.

Por el contrario, en Europa esto era impensable (según aquel catedrático) y antes de sacar un nuevo modelo a la venta, este tenía que cumplir con todos los estándares de seguridad previamente establecidos, lo que llevaba muchas veces a retrasos en el desarrollo de nuevos productos para poder cumplir con toda la normativa “leonina” (palabras textuales de aquel profesor) que imponía la Unión Europea.

Muy probablemente esto no sea tan radical como lo planteaba aquel profesor, pero a grandes rasgos, no le faltaba razón.

Con la regulación que afecta al cannabis pasa algo similar. Mientras que nuestros reguladores en Europa siguen buscando pruebas sobre las propiedades medicinales del cannabis, sobre posibles efectos secundarios, a largo plazo, etc. Sobre los posibles efectos sociales que produciría la legalización total del cannabis, sobre todo la regulación de su uso recreativo. En Norteamérica avanzan rápidamente, modificando su regulación cada vez que aparece una nueva laguna, pero avanzando en lo que, a conocimiento, creación de riqueza y libertades se refiere.

Es inevitable ver a Europa como el abuelo conservador, casi puritano para el que todo lo nuevo es peligroso. Qué pena pensar que no hace tanto tiempo Europa fue la vanguardia de las regiones progresistas y hoy se ha quedado rezagado.

La falta de interés político es inexplicable, el miedo a regular algo “incómodo” que pueda restar votos, el miedo a que la sociedad no esté preparada para asumir este reto, en definitiva, un reto de libertad. Este miedo nos parece incomprensible, sobre todo porque la sociedad demuestra cada día estar muy por delante de lo que nuestros reguladores tienen en mente.

La legalización del cannabis no traerá consigo un problema de salud pública, eso ya lo saben en California, pero también en Canadá y en Uruguay, y también en Portugal, donde no es legal, pero tampoco punible y donde los datos muestran una caída en el consumo de estupefacientes sobre todo entre los más jóvenes.

Esa falta de inteligencia emocional que muestran nuestros políticos, que siguen tratando a sus ciudadanos con ese paternalismo típico europeo, es un gran obstáculo para que una sociedad avance. Hace 20 años se planteó el mismo dilema con la homosexualidad y nadie cuestiona hoy en España que dos personas del mismo sexo se casen. Se llama libertad individual y en una sociedad democrática debería ser un pilar.

España podría haber sido una potencia mundial en cannabis regulado, pero nuestros políticos decidieron mantener esta industria en la clandestinidad. Los mejores expertos en cannabis se establecieron hace ya 30 años en nuestro país, generando conocimiento y riqueza. Ambos se están yendo a Canadá, Estados Unidos y Latinoamérica. Los mejores bancos de semillas, que estaban en España, poco a poco se han ido moviendo a otros países donde la regulación es más atractiva y de igual manera lo están haciendo los proyectos para producir cannabis medicinal, que en lugar de establecerse en España se van a Portugal, donde obtener un permiso para producir cannabis medicinal es un proceso infinitamente más transparente y con menos trabas burocráticas.

Una industria que estaba empezando a florecer en nuestro país a través de la Marihuana Light1 y que estaba empezando a consolidar de nuevo la industria del cáñamo en España, empezando por el relanzamiento de la Asociación Española del Cáñamo y que ha recibido una respuesta a modo de cerrojazo por parte de la administración pública.

Al tratarse de cultivos no regulados, no existen datos públicos sobre impacto económico de este tipo de producciones, pero desde 613 Partners, tenemos constancia de que la superficie cultivada en el año 2020 de cáñamo para aprovechar su flor ha superado con creces las 1.000 Ha (los datos estadísticos sobre el cáñamo industrial en España indican que la superficie de este cultivo no superaba normalmente las 200ha), dejando rendimientos económicos a sus agricultores por encima de lo que renta cualquier otro cultivo y empezando a generar toda una serie de empresas de servicios alrededor de este sector que generaban empleo y riqueza.

¿Por qué tal cerrojazo? ¿Por qué no reunirse con los actores del cáñamo industrial en España para plantear soluciones, para plantear escenarios regulatorios adecuados? ¿A qué estamos esperando?

Mi frustración o, mejor dicho, la de todos mis compañeros es la misma que comparten todos los agricultores, que llevan años demandando soluciones para su sector, soluciones que no vengan en forma de “ayudas” para hacer rentables sus explotaciones. El cannabis light no necesita de ayudas, es rentable por sí mismo, no necesita que los contribuyentes tengamos que aportar un solo euro para que su actividad sea sostenible.

El cannabis light sólo necesita de un poquito de atención por nuestros reguladores para que se establezcan las normas lógicas para su producción, transformación y comercialización.

*Carlos García es Ingeniero Agrónomo y Director Técnico de 613 Partners España. 

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